Tras meses con molestias en el dorso de la mano, Lucía incorporó el tambor de dedos y círculos de muñeca cada vez que cambiaba de pestaña. En dos semanas, desaparecieron pinchazos matutinos y pudo volver a dibujar en su tiempo libre sin miedo.
Con cinco horas diarias en salas virtuales, Marco programó anclajes cada cuarenta minutos y practicó la columna larga en silencios. Reportó menos dolor cervical, voz más estable y más paciencia al negociar, porque ya no luchaba contra hormigueos ni bostezos incontrolables al final.
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